A tí que lloras. Porque amabas.

"Ya sé que todos nos tenemos que morir, ya sé que la muerte es algo que se impone, que es algo natural, que antes o después nos llega a todos. Ya lo sé. Y sin embargo, a quien me duele ahora es a mí. Y me duele como he visto que dolía a otras personas cuando perdieron a seres queridos y les he intentado acompañar con mi comprensión y mi cercanía. Pero ahora me duele a mí. Y hasta dudo, a veces, de que alguien pueda hacerse una idea de cuánto me duele".

Párrafo del libro 'Estoy en duelo', de José Carlos Bermejo, religioso camilo, y director del Centro de Humanización de la Salud, Madrid. Lectura recomendada.

 


Terapia de Duelo   Terapia de Duelo

El duelo es un proceso de adaptación que nos permite reorganizar el equilibrio personal y familiar provocado a partir de la pérdida de un ser querido. Conlleva una respuesta emocional y de comportamiento que puede desestabilizarnos o desorganizarnos temporalmente. Más ampliamente, implica el desarrollo de un proceso activo de transformación que nos desafía a encontrar nuevos caminos para poder ajustarnos a un entorno que ha cambiado para siempre. No todos los duelos se viven del mismo modo, en cada sociedad y cada persona lo hacen a su manera. Esto depende de la forma en muchas circunstancias individuales, entre ellas de las dificultades que ha tenido cada uno para vivir los primeros duelos de su vida y del vínculo que manteníamos con la persona fallecida.

Para saber enfrentar el adiós.
La terapia de duelo tiene como objetivo restablecer el equilibrio emocional de la persona que ha perdido un ser querido, a través de un proceso de asesoramiento psicológico que se realiza en grupos heterogéneos sin límite específico.

La primera parte de cualquier terapia de duelo radica en el reconocimiento de la pérdida, hay que motivar la aceptación propia del hecho de que ya la persona no estará más. Asimismo, dependiendo del tipo de muerte se debe manejar un mensaje en particular. A partir de la pérdida, los expertos recomiendan que los familiares identifiquen y acepten las etapas de rabia, tristeza y vacío emocional, para que puedan desarrollar un proceso exitoso en la terapia.

“Esas manifestaciones no se pueden reprimir, pero tampoco es recomendable llevarlas al extremo, de una u otra forma se deben aceptar para darle un espacio a los buenos recuerdos vividos con la persona fallecida. Siempre se cree que cuando se somete a una terapia de duelo se va a olvidar y no es así. La finalidad de esta terapia es darle un lugar especial a esa persona aprendiendo a vivir sin ella”.

“Hay duelos crónicos, los cuales deben ser vigilados por un especialista y con el apoyo incondicional de los familiares de la persona más afectada con la pérdida. Esto se vive con mayor frecuencia cuando son muertes repentinas y cuando no se alcanzó a despedirse en vida de ese ser que ya no está”.

“Saber que no estamos solos es muy importante, que lo que sentimos es normal. Además saber qué es lo lógico y qué no dentro de lo acontecido es muy importante”.

Por otro lado, una terapia de duelo como tal maneja un contenido basado en la unidad familiar, el reconocimiento de la importancia de la vida y lo inevitable de la muerte. “En la terapia se ayuda a posicionar en la mente de los familiares los valores que compartió en vida la persona fallecida y recordar con sumo agrado los buenos momentos. La cotidianidad de los días por venir, si se hace una correcta terapia de duelo, proporcionará ese apoyo mutuo entre los familiares para superar poco a poco la partida del ser querido”.

A pesar de todo esto, debe quedar claro que no hay un tiempo establecido para decir que se ha superado una pérdida. Los expertos dicen que de uno a dos años es el período de tiempo ideal, más hay unos factores especiales que inciden con dicho reconocimiento. “Todo depende de los vínculos afectivos que se tenían con esa persona, la línea familiar, depende del tipo de muerte, de las emociones propias, en fin, lo variable está delimitado a lo que cada quien permite, según la elaboración del duelo”, concluyó Juliem Lagares, psicóloga especialista en duelo.

Texto: Rafael Escobar Saumet

 

Consejos   Consejos

Tomarse tiempo para aceptar la pérdida del ser querido, para sentirnos tristes y para dar sentido a la pérdida. No hay razón alguna para ocultar el dolor y la tristeza que sentimos.

Compartir los sentimientos y permitirnos hablar de los seres queridos para expresar emociones, miedos o preocupaciones. Hablar con familiares y amigos acerca de la persona ausente, recordando con ellos los momentos compartidos con la persona querida. El dolor disminuye y facilita el apoyo cuando se comparte. También puede ayudarnos expresar por escrito los sentimientos y recuerdos.

No tomar decisiones precipitadas. El duelo lleva su tiempo. Si debemos tomar decisiones importantes es conveniente hacerlo cuando hayamos superado la confusión y sentimos que hemos recuperado la sensación de paz y tranquilidad.

No es necesario deshacerse de objetos o recuerdos de nuestros seres queridos precipitadamente. Puede ayudarnos, incluso, crear un lugar de recuerdos en el que podamos tener todas las cosas que nos remiten al ser querido para ver cuando lo necesitemos.

Pedir ayuda si necesitamos sentirnos acompañados. A veces esperamos que los demás nos ayuden sin pedirlo pero, en ocasiones, los que nos rodean, por respeto o por no saber qué pueden hacer, no se atreven a acercarse. Pedir ayuda no es sinónimo de debilidad y facilita la comunicación con familiares y amigos.

Dejarnos tiempo para descansar y relajarse para ir recuperando poco a poco un tono vital más elevado. En los primeros meses, algunas personas presentan dificultad para dormir. Otras, en cambio, necesitan dormir más horas de lo habitual. La falta o exceso de sueño agota y produce dolores de cabeza, fatiga, irritabilidad y un estado de ánimo más decaído. No hay que automedicarse; lo mejor es consultar con un médico en caso de que consideres que necesites ayuda.

Dejar que la vida se vaya normalizando. A medida que vaya pasando el tiempo se recuperará el nivel de actividad habitual. Hay que intentar ir retomando las actividades de siempre, compartir con los demás y vencer la apatía o la pereza.

¿Cómo afrontar las fechas importantes?
Las navidades, los cumpleaños y aniversarios, ó las vacaciones serán momentos especialmente dolorosos. Son momentos en los que los recuerdos del ser querido tienden a incrementarse y se acentúa la sensación de soledad. Habrá días buenos y días no tan buenos. Algunos días difíciles pueden anticiparse, como los aniversarios o cumpleaños. Para afrontarlos mejor podemos programar actividades diferentes, mantenernos ocupados o buscar apoyo en nuestro entorno más cercano. También podemos reservar estas fechas para recordar a la persona querida, pensar y escribir acerca de ellos y de lo que estamos sintiendo.